Las fuentes de la fe: 4 – Tradición

(Antes de empezar a leer, si no lo has hecho ya, tal vez prefieras comenzar por el primer capítulo de esta serie: Las fuentes de la fe: Introducción y 1 – Sentimiento – El blog de Rodrigo JOCILES FERRER)

La iglesia (católica, universal) para mí es una comunidad de gente que cree fundamentalmente, en lo mismo que yo. Resumiendo mucho, que Dios son tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que el Hijo, El Cristo, se encarnó como Jesús de Nazaret hace 2000 años, naciendo de La Virgen María. Nos reveló el evangelio y preparó y envió apóstoles que lo anunciaran, dejando a Pedro como encargado cabeza de la comunidad de convertidos. Murió por ello en la cruz como estaba dispuesto por Dios y resucitó al tercer día, mostrándose a unos pocos elegidos, María Magdalena primero y luego a los apóstoles. Su Madre no experimentó la muerte del cuerpo y pasó a “los cielos” convirtiéndose en reina de los ángeles y en el apóstol que ha ganado más conversiones por goleada. Creo que no me he dejado nada fundamental que distinga a los cristianos de otros creyentes y de entre estos a los católicos.

Me siento cómodo con esa gente a la hora de vivir mi fe y de celebrar unos ritos en comunidad. No obstante, no me siento obligado a cumplir todo lo que desde ella (su jerarquía) se diga. No en cuestiones fundamentales de fe ni espirituales ni de actitud y comportamiento ante la existencia, en todas ellas coincido al 100%, sino en algunas de detalle de moral material, de apariencia o cumplimiento de ritos. En algunos casos yo siento o razono la materialización de la fe, de modo diferente al oficial y ello no me aleja de la iglesia. De todos modos, esa falta de sintonía, antes que con la actualidad es con prácticas, doctrinas y actitudes pasadas, que sólo sobreviven en grupos muy minoritarios actualmente. Es absurdo juzgar el pasado con ojos de hoy y más aún a los coetáneos por lo que hicieran o dijeran sus antepasados colectivos.

Creo que, pese a los errores, no pocas atrocidades y nunca mejor dicho, pecados, cometidos sobre todo por individuos, pero también colectivamente (la Inquisición…), pesa mucho más lo bueno que lo malo en el balance global de la historia de la Iglesia Católica. El mismo tipo de tropelías se han cometido y se comenten por y en nombre de otras religiones y por individuos adscritos a las mismas. Y no digamos en nombre del ateísmo (URSS, China, Revolución Francesa…). Estos últimos ganan por goleada, sólo con contar el número de asesinados. No hay que olvidar que está compuesta por millones de almas individuales, cada una única y distinta de todas las demás, libre y responsable de sí misma. La culpa y el mérito corresponden al individuo, jamás al “colectivo” y mucho menos a los descendientes y parientes.

Sin duda lo que la iglesia (católica) ha hecho como organización y más en concreto algunos de sus mandatarios a lo largo de la historia, también la reciente, aleja a muchas personas de ella. No conozco ningún grupo humano, religioso, nacional, político, filosófico, etc. Donde todos sean y hayan sido santos perfectos; todos ellos, en cuanto han alcanzado cotas de poder han cometido atrocidades y han sido sujeto de corrupción de manera proporcional a ese poder alcanzado. La iglesia católica ha tenido mucho poder, así como naciones católicas, en concreto fue la región oficial y única de la primera potencia global durante dos siglos, para la cual precisamente la defensa y expansión de la misma, era su primera razón de ser. Para bien o para mal. Pero ser católico no consiste en amar a esas naciones o grupos políticos ni mucho menos en justificar y defender las tropelías y malas prácticas de algunos de sus integrantes, consiste sólo en lo que he descrito en el primer párrafo de este capítulo.

La tradición es en mi opinión la fuente más débil a la larga e incluso puede llegar a ser contraproducente por lo que acabo de comentar. No obstante, no hay que olvidar que es la fuente primaria en el tiempo a través de la cuál las personas (re)toman su contacto con Dios. Y aprenden los conceptos básicos de cada religión. Después con el paso del tiempo, es fácil siempre volver a ellos porque lo aprendido de niño, nunca se olvida. Por ello también es importante que no sea transmitida en su versión oscura, condenatoria, opresora y castrante. Alguien que ha carecido por completo de ella también puede llegar a conectar con Dios, a través de las otras fuentes, pero requerirá un esfuerzo extra.

A mi entender la iglesia no es para sino de y desde Dios, para nosotros, los hombres, para darnos consejo, guía y para quien necesite una comunidad de pertenencia en la fe, que suelen ser la mayoría de las personas. La celebración de los ritos y festividades no debe ser entendida como obligación, sino como un don, un regalo, nunca superior a la creencia misma. Si no se siente como tal, en algún momento, pienso que es mejor no participar en ella. Quien tenga alguna manera más personal y particular de conectar y agradecer a Dios en un momento dado, pues bien está. Todo es perfecto mientras se haga desde El Amor. Es la cuestión sencilla e infalible para discernir si una acción o pensamiento son adecuados, aunque sin duda, no siempre es fácil de aplicar aceptando su resultado. Esas fueron las instrucciones resumen para los cristianos ¿no?

Algunas reflexiones particulares

Jesús dice en el Evangelio: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; más lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre”. (Mateo 15:11). Esto quiere decir que Dios no exige cumplir normas y rituales materiales, como el de lavarse las manos antes de comer, que en realidad nada tienen que ver con el Amor, que es lo que hacían los fariseos y con posterioridad han hecho muchos cristianos y adeptos de otras religiones, sino ejercer realmente el doble mandamiento desde el corazón. Así lo entiendo yo al menos. Respeto que a mucha gente pueden ayudar ciertas normas, rituales, tradiciones: no comer esto o lo otro en según qué fechas, asistir a las celebraciones religiosas puntualmente, no usar este o aquel artículo de farmacia, realizar ciertos gestos y recitar ciertas frases (no confundir con orar que es algo muy distinto) … y eso está bien si les ayuda a vivir mejor su fe y a sentirse más cerca de Dios, individualmente o en comunidad. Es más fácil seguir un catálogo de reglas y rutinas concretas una vez memorizadas, que decidir en cada ocasión lo que está bien o está mal en un examen de conciencia, lo que para mí se reduce a evaluar si se hace desde el Amor. Pero entonces esas normas de moral material ¿son un servicio para Dios o para los hombres, salen de Dios o de los hombres? Que cada cual saque su respuesta, yo tengo clara la mía.

Una de las señales de distinción tradicionales de los católicos ha sido la de seguir y adherirse al Papa de Roma, hasta el punto de que los protestantes, a menudo los han llamado papistas, peyorativamente. Entonces se puede decir también que los católicos son los que siguen al papa ¿No? Es curioso como los cariños hacia el papa, por parte de propios y ajenos, varían según el aparente signo político de este. Personalmente, me han gustado mucho los tres que he conocido (un cuarto era demasiado niño para acordarme), aunque no creo en su infalibilidad ni mucho menos perfección (a la vista está la historia de la institución), creo que al menos cada uno de estos tres, sí ha estado en su momento por algún buen motivo, cada uno con su estilo y misión particular.

… También me resulta chocante, cómo desde fuera, se echa en cara a la iglesia, que los católicos no son todos santos perfectos coherentes y, por otra parte, siempre muchos católicos han sido educados en la creencia de que, por un pequeño fallo, incluso casi involuntario, podrían ser condenados a las llamas eternas. Esto es no conocer el Evangelio. Cualquiera que lo haya leído, podrá comprobar que, en él, los apóstoles, nada menos que el equipo núcleo elegido por Jesús, son todos pecadores e imperfectos. Los ejemplos de tal factor son numerosos, parece obvio que Él mismo quiere resaltarlo. Pedro mismo, le niega tres veces, superado por el miedo y Jesús le deja a cargo de su comunidad… El que pretenda una iglesia cristiana de perfectos, se equivoca por completo, Él mismo lo dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, más los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Gracias por leerme y por vuestro interés, podéis ver el siguiente capítulo de esta serie “4 – Tradición II” aquí:

https://jocilesferrer.com/2021/08/01/las-fuentes-de-la-fe-4–tradicion-ii/

También me permito recomendaros un librito que he publicado hace poco:

Cuaderno “Pueblos Prehistóricos de Iberia” – El blog de Rodrigo JOCILES FERRER

Una respuesta a “Las fuentes de la fe: 4 – Tradición

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About jocilesferrer

Ingeniero Telecomunicación. Europeo, español, extremeño-aragonés. Liberal, cristiano. La ola es el mar