Las fuentes de la fe: 3 – Experiencia

All my life you shield me from the game
you’re my spine, but I’ve never been ashamed
they don’t see and I just can’t explain
you’re my protector, you’re mine forever

(Mesh – My protector)

(Antes de empezar a leer, si no lo has hecho ya, tal vez prefieras comenzar por el primer capítulo de esta serie: Las fuentes de la fe: Introducción y 1 – Sentimiento – El blog de Rodrigo JOCILES FERRER)

Hablaré de dos tipos diferentes de experiencia que alimentan la fe.

Propia

La experiencia personal de constatación de la acción sobrenatural de Dios, a menudo a través de las entidades que más de cerca le sirven, es tanto o más potente que las dos fuentes que ya hemos visto. Quien la ha conocido es prácticamente imposible de retraer del lado de la fe. El “inconveniente” es que no está accesible a voluntad, me refiero para aquellos que creen en ella, como sí sucede con las anteriores y cuando se da, lo hace con muy poca frecuencia, veces contadas a lo largo de una vida. La decisión de su ocurrencia es literalmente de Dios. Y de bien nacidos es ser agradecidos, contándolo cuando se ha presenciado.

En mi caso, intentaré ser breve, en dos ocasiones concretas, perdí el control al volante, en la primera porque el eje de la dirección estaba seriamente deteriorado en una curva con pendiente pronunciada, en la segunda por un patinazo en una carretera de montaña cuando acababa de romper a llover. En ambas iban otras tres personas conmigo y en ambas estaba seguro de ir a estrellarme. En la primera no de morir, pero sí de recibir el impacto de otros vehículos al girarme 180 grados. En la segunda mi pronóstico era peor, caer por un barranco a mi derecha. Pasó toda mi vida por mi cabeza en un instante como cuentan. En la primera quedé parado en el carril de la izquierda, pero en dirección contraria, en autovía, venían muchos otros coches a una velocidad media de 100 Km/h, todos fueron sorteándome sin problema y pude darme la vuelta y proseguir sin más. En la segunda también quedé girado 180 grados, pero depositado suavemente en el arcén contrario, sin un rasguño para el coche ni para ninguno de nosotros. Yo simplemente traté de mantener el control sin que el coche se estrellara, pero el resultado para mí fue claramente sobrenatural, alguien condujo el coche y los otros coches de manera que no pasara nada grave. Y no tuve dudas de que fue Ella, La Virgen y los ángeles a sus órdenes, quienes me salvaron.

Pienso que el Director de Juego, decidió ignorar el resultado de los dados porque la partida le resultaba más bonita conmigo y los que me acompañaban en ella; o más humildemente, que aún me (nos) quedaba mucho que aprender, antes de pasar un examen justo. O ambas cosas a un tiempo.

Aparte de esto, ha habido dos ocasiones en que mi padre ha estado muy enfermo y salió bien… a partir del momento en que llegué yo a su lado y puse una pequeña imagen de La Virgen (del Pilar) en su mesilla. Hace muchos años, yo aún me consideraba ateo, tuve una sensación muy fuerte de que una persona que apreciaba iba a correr peligro, estaba en un lugar donde había una imagen de La Virgen y le pedí ayuda. En efecto, esa persona corrió peligro, pero logro escapar de él… Eso no me volvió creyente en el momento, pero jamás lo olvidé y con el tiempo fue germinando. Y por supuesto el hecho de haber conocido a mi mujer, de manera casual y con sintonía inmediata, como si ya nos hubiéramos puesto de acuerdo y alguien estuviera trabajando para que sucediera (incluyendo el que relaciones anteriores no funcionaran).

Muy relacionado con La Virgen está la figura de mi ángel de la guarda, según el catolicismo están a su servicio. Ha sido relativamente reciente el que me diera cuenta de su presencia. Aunque ahora sé que ha estado a mi lado todo el tiempo. O más bien debería decir ángela. Jesús menciona en el evangelio que son seres espirituales y por tanto no son ni hombres ni mujeres. Pero a mí se me ha presentado con figura femenina. Fue hace pocos años, en una iglesia, tras un momento de esos míos de experiencia mística de especial intensidad, al darme la vuelta para dar la paz, había allí una joven, que yo no había percibido antes y que ya no volvía a ver y que me abrazó muy emocionada. Tenía el aspecto de mi hija Pilar, pero más mayor. Si sois creyentes y os dirigís con cariño a ellos/ ellas, pidiendo consejo, consuelo, protección, lo que necesitéis, os sorprenderéis de los resultados.

Durante una meditación al despertar, hace un par de semanas, se me hizo saber que los que recuerdo como peores años de mi vida (9-12), en que me sentía más abandonado y víctima de conflictos que no podía o sabía afrontar, fueron aquellos en que corté de repente mi relación con Dios.

La Virgen María sobre el medio ambiente

Esta es una experiencia propia, particular y al margen, que juzgué interesante contar, al tratarse de una revelación durante un sueño, podría también encajar en la fuente anterior. En cualquier caso, esto es lo que me explicó La Virgen durante un sueño hace aproximadamente medio año: El deber de cuidar el medio ambiente, es decir, toda la vida en nuestro planeta, La Tierra, se deduce fácilmente de la primera parte del mandamiento doble de Jesús “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Imaginemos a Dios como un padre que prepara una casa para sus hijos, con jardín y habitaciones perfectos. Se la deja a ellos (nosotros) y viene a visitarles a menudo (el Espíritu Santo). Obviamente los hijos son más importantes que la casa, que les ha dejado para su disfrute, pero ¿no parece que se enfadaría mucho si descubre que sus hijos, la han llenado de basura, han roto los muebles, han ahuyentado o aniquilado a los pájaros y otros animales del jardín y han dejado secar o arrancado las plantas? Por tanto, un cristiano debe actuar con conciencia ambiental, para cumplir la primera parte del doble mandamiento, valorando, respetando y cuidando el legado tan bello que nos ha dejado Dios.

Cronología

Expongo aquí mi relación histórica con la fe según me alcanza el recuerdo:

  1. 0 años, me bautizan, no recuerdo nada.
  2. 3 años, toma de conciencia trascendente, me pregunto quién soy y qué hago aquí.
  3. Hasta los 9 años, mis padres no, pero otras personas adultas alrededor y en la escuela, me hablan de Dios y de la religión católica, me enseñan a rezar, finalmente voy a catequesis y hago la primera comunión. No entiendo nada, especialmente el Evangelio, por qué Jesús tiene que sufrir tanto y perdona a todos los malvados y todos los ritos, normas, dogmas, me resultan un entramado muy complejo. Sin embargo, Dios, Jesús, La Virgen “me caen bien”.
  4. Hasta los 10 años, intento por mi cuenta seguir siendo “practicante”, yendo a misa, aunque mis padres no participan. Mi padre no me prohíbe, pero me va desanimando de ello, “es un rollo, son tonterías, Dios no es un señor con barbita”.
  5. 15 años, aún sintiéndome ateo, leyendo unas novelas sobre mitología celta, lanzo un “decreto” por el que pido alistarme con las Fuerzas de la Luz, sean quienes sean.
  6. Hasta los 19 años, soy ateo militante, hago lo que puedo para ni siquiera estar presente en ritos cristianos, las figuras de Jesús y la Virgen me siguen mereciendo cariño y respeto no obstante.
  7. Hasta los 26 años, empiezo a leer (la Biblia, mitología, fenómenos extraños…), reflexionar y abrirme al plano espiritual y trascendente. Vale, puede haber un Dios. Paso a agnóstico.
  8. Empiezo a colocar imágenes de La Virgen y vuelvo a rezar y “pedirle ayuda”. A los 29 me defino como “cristiano autónomo” al rellenar un impreso de residencia en Dinamarca.
  9. 32 años, sigo en lo anterior, he tenido algunas experiencias personales que hacen ver claro que “alguien superior cuida de mí”, empiezo a entrar en iglesias y a asistir a alguna misa (católica).
  10. Hasta hoy, sigo avanzando en el punto anterior, leo sobre temas religiosos y espirituales, reflexiono, rezo, empiezo a hacer meditación, tengo interés por lugares con carga espiritual, asisto a misa solo o con mi familia, no por obligación y sistemáticamente sino “por gusto”, cuando siento que necesito ir. Con 46 años hago la confirmación (católica). Mis hijos hacen la comunión (por decisión propia) y les hablo de Dios, aunque procuro no ser pesado y no les impongo nada. Siguen sucediendo hechos puntuales que me dejan claro que alguien me cuida y a las personas que quiero. Recupero mi relación con mi ángel de la guarda (que se me presenta como una chica).
  11. Mi fe siempre va a más nunca retrocede, suceda lo que suceda a mi alrededor, percibido como “bueno” o “malo”. Comprendo que todo lo que pasa en nuestras vidas es porque de alguna manera, lo hemos elegido.

Ajena

La experiencia que alimenta la fe también es la de otras personas en cuyo testimonio se confía, en especial, para los cristianos, la de los que ha habido antes que nosotros desde los primeros apóstoles y otras personas que conocieron directamente a Jesús, su Madre, María Magdalena y muchos otros citados en el Evangelio.  

En 2019, 260 millones de cristianos -católicos, ortodoxos, protestantes, bautistas, evangelistas, pentecostales- fueron duramente perseguidos y 2.983 asesinados por su fe (https://www.infobae.com/america/agencias/2020/01/15/unos-260-millones-de-cristianos-duramente-perseguidos-en-2019-por-su-fe/). Es sólo el dato del pasado año, un ejemplo para hacerse una idea de que ser cristiano (o creyente) no es ninguna ventaja ni patente de corso en el mundo actual, más bien lo contrario. A lo largo de la historia son innumerables los que dieron su vida antes que simplemente renegar en público de su fe, de hecho, así es como esta nueva religión se hizo “viral”, en los primeros siglos de existencia, perseguidos dentro del Imperio Romano. A mí al menos, esto me parece muy notorio, una afirmación externa a mí. Cuando tantas personas mueren sin dudarlo antes que algo tan aparentemente sencillo como mentir, digo yo que algo debe de haber detrás. La otra explicación es que estaban todos locos. No lo creo.

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15). Este es el encargo de Jesús, casi al final del Evangelio (curiosamente parece aquí incluir a todos los seres vivos, no sólo a los humanos, lo cual estaría en consonancia con lo que he expuesto más arriba en “La Virgen María sobre el medio ambiente”, pero esta es otra historia, que deberá ser tratada en otra ocasión…). La fe cristiana es un tesoro, una liberación y no una carga. El saber que Dios nos ama y nos hizo libres, con espíritu y también cuerpo, con conciencia, consciencia y voluntad; a su imagen y semejanza, gotitas de su Espíritu, con capacidad para crear y modificar el universo, existencialmente inmortales. Lo único que se nos pide es actuar siempre desde el amor, tan sencillo y difícil. Nos libera de muchas cosas desagradables, del sentido trágico de la vida, del vacío existencial, de juzgar a los demás, de la obligación de venganza, de comportarnos como plagas bíblicas… cuando de verdad se cree en lo fundamental. Y se nos ha dado para repartir sin límite ¿Cómo repartirías un tesoro? Pues ciertamente dándolo… a quien quiera recibirlo. Un tesoro no se puede repartir a la fuerza, ni un regalo obligar al obsequiado a quedárselo. Una vez dado es suyo, puede hacer con él lo que quiera. Si no, no es ningún regalo.

Por otra parte, las personas rara vez apreciamos algo que no nos cueste esfuerzo conseguir o que no nos haya faltado durante mucho tiempo. Esta es una característica importante a la hora de anunciar la fe cristiana. Ha de hacerse con gratuidad, pero a un tiempo se precisa cierto esfuerzo por parte del receptor, algo de interés como mínimo. La mejor forma de predicar, como siempre, es con el ejemplo “yo soy y me ves feliz, sabes que soy cristiano creyente, si quieres me preguntas y te cuento”. He tenido la suerte y la facilidad, probablemente Dios dio algún empujoncito al respecto, de que la fe jamás se me impuso desde niño, más bien al contrario, se me alentaba cuando menos a cuestionarla, a preguntarme si todo eso que contaban en catequesis o en clase de religión tenía sentido y había motivos para creerlo. Lo que si bien, muy pronto me llevó a descartarla (“si mi padre la cuestiona será que es un cuento, porque yo confío en su criterio”), no arrancó de mí la semilla del interés por el asunto. Era algo que tendría que investigar por mi cuenta, pues en casa no me proporcionaban la infraestructura dada y asumida (y muy a menudo tornada odiosa en la juventud) de un marco de creencias y prácticas, para la inmensa mayoría de los niños de mi generación en España.

… Mi padre, al que he conocido la mayor parte de mi vida como ateo auténtico (los que no están resentidos contra la iglesia o los creyentes, sino que simplemente “no lo ven”), pero que en los últimos años se está interesando por los asuntos metafísicos del cristianismo, me dijo hace unos meses: “Lo importante sería saber si Jesús era realmente el Hijo de Dios”. Efectivamente, es una pregunta de las más importantes y también piedra angular de la fe cristiana junto con su resurrección. Porque si sólo era un autoproclamado profeta (aquel a través del que habla Dios) y no El Verbo, la Segunda Persona de Dios, como Él mismo anunciaba y no resucitó, casi nada tiene sentido en el cristianismo. Aunque no haya habido un pensamiento más humanista que el suyo en 2000 años. El que tantas personas hayan dado su vida para anunciar y jamás negar, que esas dos afirmaciones, son verdaderas, para mí desde luego es una prueba (metafísica, no científica) de que realmente lo son y una fuente muy abundante de fe.

Gracias por leerme y por vuestro interés. Ya está publicado el siguiente capítulo de esta serie “4 – Tradición”, que podéis leer aquí: https://jocilesferrer.com/2021/07/29/las-fuentes-de-la-fe-4-tradicion/

También me permito recomendaros un librito que he publicado hace poco:

Cuaderno “Pueblos Prehistóricos de Iberia” – El blog de Rodrigo JOCILES FERRER

5 respuestas a “Las fuentes de la fe: 3 – Experiencia

  1. Ro, me emociona leerte. Tu sinceridad, tu tacto, tu ternura con el tema. Me alegro enormemente de tu experiencia y de como la fe te ha permeado. Un abrazo xxx

  2. Me he sentido muy identificada con tu post. Mi infancia transcurrió cercana a Dios gracias al colegio catolico, pero un día sin más perdí la fe. Dejé de creer. Pasaron muchos años, donde ahora soy plenamente consciente de que de alguna forma o de otra estuve siempre acompañada y ayudada. Un día paso algo…me vi en una encrucijada…no podia salir de ella…y cuando mi alma no pudo más lloré y finalmente recé…recé con absoluta fe cómo hacía años que no rezaba…Dios y San Antonio vinieron esa noche a ayudarme y cuando desperté, junto a mi estaba la solución a mi problema….Han seguido junto a mi siempre…a veces me olvido de nuevo y vuelvo a vivir sin parar…pero intento que mi hija sepa que están ahí e intento recordármelo a mi misma de vez en cuando. Parar y agradecer todo lo que hacen por mi…

    1. Muchísimas gracias por tu confidencia Carolina, me alegra que mis ejemplos puedan servir a otras personas, que entre todos podamos constatar que no somos raros o estamos locos, o que si lo estamos, coincidimos con muchos otros. Los creyentes en algo son mayoría aplastante en el planeta y una de cada tres personas es cristiana. La verdad no es un cuestión de encuesta democrática, pero igual tal mayoría es como para tenerla en cuenta… Yo nunca eché conscientemente de menos la fe, pero mi andadura fue por lo demás similar a la tuya. Un abrazo.

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About jocilesferrer

Ingeniero Telecomunicación. Europeo, español, extremeño-aragonés. Liberal, cristiano. La ola es el mar