Los ángeles caídos y los orígenes del mal, de Elizabeth Clare Prophet

Revelaciones del Libro de Henoc

No tendré piedad cuando llegue vuestro turno

Sobran argumentos para condenaros juntos

Un lustro en Siberia para el cobarde arribista

Cadena perpetua para el doble moralista

(Dorian)

El Libro de Henoc constituye un apócrifo del Antiguo Testamento. Fue retirado oficialmente del mismo, proscrito y casi hecho desaparecer a partir de la segunda parte del siglo IV por quienes dominaban entonces la Iglesia, aún no escindida. Algunos volúmenes escaparon a la quema, fundamentalmente en Etiopía, la isla cristiana aislada y que ha resistido como gato panza arriba al avance del Islam hasta hoy. También se han encontrado algunos otros fragmentos o capítulos, ligeramente diferentes de los etíopes, en rincones de Europa y el Mediterráneo orientales. A finales del siglo XIX se tradujeron al inglés y al francés y se recuperó para Occidente el libro o lo que quedaba de él.

Qué cuenta: Henoc es el bisabuelo de Noé y padre de Matusalén. Este, en un tiempo de depravación absoluta en La Tierra, previo al Diluvio al que sobrevive su nieto, es llevado por los ángeles a conocer el Reino de los Cielos y a Dios (Creador) mismo, donde le son revelados los misterios de la creación y de los planes de Dios para la misma.

Rodri recomienda… “Los ángeles caídos y los orígenes del mal”, de Elizabeth Clare Prophet en Casa del Libro.

Entre estas revelaciones, se le da a conocer la historia de los vigilantes y de los otros ángeles caídos. Resulta que Dios, no sólo dota de libre albedrío a los hombres (seres humanos, hombres y mujeres), sino que también y antes, a los ángeles. Estos serían espíritus, con diversos “poderes”, pero en general mucho mayores que los de los hombres y anteriores a estos, que Dios crea para servirle y en concreto ayudarle con su creación. El libre albedrío incluye y de hecho sólo se da con la posibilidad de elegir hacer el mal o más técnicamente, desviarse de la voluntad unificada del Uno. No es que este anhele que obedezcamos ciegamente, ángeles o humanos u otros entes eventualmente creados por él y dotados de espíritu individual, sino que por decisión propia volvamos a integrar nuestra voluntad con la suya. Aunque este es otro tema que se escapa de este artículo comentario…

El caso es que una facción de esos ángeles, cuando el hombre ya está andando por la Tierra como ser inteligente y dotado de espíritu y voluntad propios, se encapricha de él, en concreto y según el texto, de sus mujeres. Y desean andar encarnados por la Tierra y mezclarse con los humanos. Parece que El Creador no está muy de acuerdo con ello, aunque tampoco queda claro que se lo prohíba en un principio. El texto también menciona que no todos ellos son “malvados” en principio. Incluso hay ángeles que se encarnan por encargo o con el permiso de Dios, con misiones específicas para hacer el “bien”, aunque estos se mencionan más adelante. Un ejemplo sería San Juan Bautista.

Esa hornada de ángeles, son liderados por un tal Samyaza, en el texto se citan sus nombres y no hay que confundirlos con la facción de Satán, el opositor, cuya historia es también contada en el texto y cuya rebelión, por orgullo y no por lujuria, tiene lugar con anterioridad. Henoc llama a estos últimos, a los seguidores de Satán, los nephilim y son los demonios clásicos reconocidos por todas las iglesias cristianas. Que tientan y tratan de convencer a los hombres, desde el plano espiritual, para que caminen por la senda del mal, pero siempre a cambio de cosas de apariencia positiva, riqueza, poder, éxito, etc. Rara vez o más bien nunca, se encarnan, según la oficialidad cristiana, aunque sí “poseen” cuerpos humanos.

A la facción de Samyaza, los encarnados al principio de los tiempos les llama vigilantes. Ya he mencionado que no todos son “malvados” o rebeldes a Dios, también se denomina así en el texto en ocasiones a los “fieles”, pero que cumplen determinados cometidos para Él, encarnándose y caminando entre los hombres. También se menciona que estos a veces se encarnan como mujeres, principalmente para seducir y yacer con hombres, en el caso de los “malos” (las malas…). Si el pecado principal según Henoc de los primeros rebeldes era el orgullo, el de los vigilantes sería la lujuria.

Una vez encarnados los vigilantes, en unos tiempos míticos, literalmente antediluvianos, estos se unen a mujeres y estas dan a luz a una prole de gigantes. Este punto es mencionado brevemente en el Génesis canónico, podéis buscarlo en las primeras páginas de una Biblia completa. Y según el mismo texto oficial, estos serían los héroes que recordamos de la antigüedad. La raza de los vigilantes y gigantes, continúa teniendo descendencia. Son gente con superpoderes, en lenguaje actual, literalmente gigante (muy alta) y longeva (aunque también lo son los hombres del linaje de Adán y Set por aquel entonces…), aunque se da a entender que esa superioridad va mermando de generación en generación.

El problema es que rápidamente todos se corrompen, vigilantes y hombres por igual (la estirpe de Caín, más la mayoría de Set a la que los anteriores atraen). Los vigilantes enseñan a los hombres ciencia, tecnología y magia y pronto están armados hasta los dientes y se matan unos a otros por las riquezas y el poder (más o menos como ha sido desde la edad de los metales como tarde…). En concreto la raza de gigantes “se lo come todo”, a los hombres, las bestias, literalmente “beben sangre” (ojo a la referencia vampírica). Pronto Dios los condena a todos, nephilim, vigilantes y su progenie y a la mayoría de hombres, excepto al elegido Noé, nieto de Henoc, por su justicia. Esta historia ya la conocéis, la del Diluvio.

Es un poco confuso porque demonios de una y otra facción quedan condenados en espíritu desde el principio, retenidos en ciertas partes del infierno o el cielo según se mire, pero a la vez siguen dando mal (literalmente) por La Tierra y por supuesto después del Diluvio.

Si queréis mis interpretaciones del diluvio y otros mitos, podéis echar un vistazo en: https://jocilesferrer.com/2015/06/11/mitos-de-la-antigua-iberia/

Algo que me parece interesantísimo (como cristiano) del Libro de Henoc es que parece que fuera el volumen perdido que pone en conexión obvia el Antiguo y el Nuevo testamento. En él, a Henoc ya se le revela sobre la venida del Hijo del hombre (el Cristo) y su destino como Rey de toda la humanidad redimida. Tanto si eres creyente como si no, te das cuenta de lo que digo, si conoces la Biblia claro, que Henoc es la “novela que falta” para dar coherencia a toda la saga, desde el Big Bang hasta Jesús y el Apocalipsis (también tiene muchas similitudes con este).

En concreto, algo que a mí siempre me ha parecido misterioso en el Evangelio (y soy creyente) es la insistencia de Jesús sobre los demonios, sus reprimendas a estos, cómo dota a los apóstoles del poder de sujetarlos o expulsarlos, junto con el de curar (luego esto era crucial para Él) y también ciertas condenas y amenazas que parecen demasiado duras, que si nos fijamos siempre van contra los poderosos hipócritas: fariseos, legisladores, jueces, gobernadores, etc., que le acusan a Él por juntarse con otros pecadores. También Jesús advierte a menudo contra el “rey de este mundo” y contra los poderosos en La Tierra, es un toque alérgico al estado, que siempre me ha gustado y también se da en el Antiguo Testamento, cuando los israelíes se empeñan en ponerse a Samuel de rey (un vigilante, por cierto) y Jehová les advierte de los males que les sobrevendrán por ponerse un rey a la cabeza.

Cuando lees Henoc todo esto cobra coherencia. Los demonios (si eres creyente) son muy reales, de hecho, su existencia y acción es dogma para la iglesia católica y creo que las demás cristianas, pero la mayoría, incluidos los religiosos, actúan como si fuera una alegoría, un tema tabú, como la muerte (¿Crees en un Dios que te asegura que tienes un espíritu inmortal y eludes el tema, que curioso no…?). Por tanto Jesús, Cristo, se ocupa de ellos y de darnos las herramientas para defendernos y la primera es conocerlos y ser conscientes de que están y de lo que hacen. Y todas esas advertencias, a veces muy duras y difíciles de entender, contra el poder y la acumulación de riqueza, no son contra el hombre común que sólo quiere vivir en paz sin meterse con nadie y tal vez comete algún fallo “menor”, sino contra los vigilantes, su progenie y los que les siguen, que sí que ya están condenados, pero siguen en La Tierra haciendo de las suyas. Hasta hoy.

Rodri recomienda y adquiere su bibliografía en Casa del Libro.

Según la autora, Elizabeth C. Prophet, siguen entre nosotros, nunca se fueron, ellos y hombres que, sin saberlo, les toman como modelo y se comportan como ellos. Es fácil indentificarlos, están siempre donde está la acumulación de poder y riqueza (aunque no todos los que están ahí lo son, también los hay “buenos” en esa esfera, incluyendo ángeles encarnados voluntariamente), eso sí, muestran un desprecio absoluto por los demás, a los que consideran inferiores, son cínicos y se comportan aparentemente según el lema “el fin justifica los medios”, por supuesto no revelan a los hombres que sus fines en realidad no son ni siquiera “por el bien de una mayoría”, sino por inflar su propio ego, único paraíso temporal que les queda. También los hay en niveles más “medios”, ahí actúan discretamente, siempre o casi aparentemente dentro de la ley y “las buenas costumbres”. Es muy fácil hacer el mal dentro de la ley. Porque las leyes existen justo por la necesidad de gestionarlo.

Se tome como una realidad o como una alegoría, el caso es que la historia cuadra bastante, al menos a mí, con la realidad observada. Los dirigentes de las principales potencias parecen todos afectados por una locura nacionalista y desde luego muestran un gran desprecio a sus semejantes, evidente a los que consideran extranjeros y no tanto a sus súbditos. Alguno actúa como si fuera un tarado, pero en realidad es muy inteligente, otro ni siquiera se molesta en disimular su brillantez, otro parece a su lado moderado, pero en realidad es el cabeza de un régimen terrorífico, que aplica la pena de muerte a diario a decenas de personas, masacra a sus minorías étnicas o religiosas y a su pueblo le deja bien claro que ni sueñe con la libertad ni la democracia mientras les mete de lleno en el modo de vida de la sociedad de consumo. Los que van por detrás de estos, sus aliados protegidos en dos o más bandos, algunos son aún peores, cabezas de regímenes donde se condena a la mitad de la población a prisión y latigazos por no llevar la cara tapada o cuestionarlo. Hay excepciones por supuesto, incluso alguno que no me gusta mucho, me parece una persona “normal” al lado de estos. Y a mediana o pequeña escala se repite la misma historia, los delincuentes de guante blanco son a menudo aún peores que los declarados y luego tienen sus amigos y clientes en todos los ámbitos de poder, que se encargan de que salgan victoriosos cuando alguna persona simplemente normal, osa enfrentarse a ellos.

Visto así es bastante desalentador, se conscientes de que un modo u otro, los vigilantes gobiernan el mundo.

Si se es ateo, la buena noticia es que no existe ninguna conspiración sobrenatural, es carente de toda lógica desde un punto de vista positivista, cientifista ¿no? Se trata sencillamente de maldad humana permitida, pero que por medios humanos (política, leyes, manu militari…) debería ser resoluble. Ánimo con esa vía, muchos la han transitado con gran heroísmo y a veces se han conseguido avances. Estoy en vuestro bando. El problema es que para enfrentarse al mal con sus procedimientos y herramientas al final hay que acabar haciendo el mal y son los medios los que justifican el fin y no al revés. Algunos con este punto de vista no cristiano, intuyen sin embargo que “algo hay” y se acogen a una teoría que a mí, perdonadme, me parece harto peregrina, se trata del culto Anunaki. Sustitúyanse vigilantes por extraterrestres llegados hace decenas de miles de años, elusivos a partir de entonces y ya lo tenemos. A mí no me cuela, pero bueno…

Si se es cristiano, no hay que pensar que Dios nos ha dejado aquí abandonados a nuestra suerte bajo el yugo de una banda de delincuentes con superpoderes. Ya se encarnó hace 2000 años para explicarnos lo que pasa y lo que hay que hacer, iluminando pero no cegando, eso sí, dejando el más que suficiente margen para seguirlo o no creer. Esto está estrechamente relacionado con el cuidado que pone Dios en nuestro libre albedrío y en para qué estamos encarnados en La Tierra, reproduzco aquí una página del libro que me encanta porque lo explica muy bien.

Ya lo dice Jesús “no devolváis mal por mal”, que tampoco quiere decir dejarse arrasar por ello. “Sed mansos como corderos y astutos como serpientes” y el que le siga hasta el final prevalecerá. Básicamente se trata de hacer el bien por cuenta de uno y no seguir a los vigilantes, reales o figurados en su carrera loca en busca de poder y riquezas pisando a todo el que se interponga o por simple gusto. Henoc, el Apocalipsis y Jesús mismo en el Evangelio explican que ya se encargará Dios, con sus ángeles fieles de dar su merecido a cada cual, llegado el momento. El libro (no el de Henoc, el de Elizabeth) explica no obstante unos procedimientos para solicitar la ayuda, aquí y ahora, de Dios, para que nos proteja individualmente de ese mal espiritual (el tubo de luz) y para que pare colectivamente la acción del mal, sea de demonios, vigilantes o simples hombres. Según Elizabeth Él no interviene en ese sentido, salvo que nosotros se lo pidamos, para respetar nuestro libre albedrío y nuestro aprendizaje y experimentación en esta vida. Yo ya he probado a hacerlo, aunque no siguiendo exactamente los procedimientos en el libro, podéis echar un vistazo:

https://jocilesferrer.com/2019/09/25/oblatas-intenciones-rosario-justicia-universal/

Si os interesan todos estos temas, sea porque sois creyentes inquietos, os gusta lo oculto y misterioso o por simple curiosidad mitológica y de historia de las religiones, os recomiendo mucho este libro.

Rodri recomienda… “Los ángeles caídos y los orígenes del mal”, de Elizabeth Clare Prophet en Casa del Libro.

La autora explica muy bien su hipótesis de por qué estos libros fueron desde luego descatalogados del canon de la Biblia, prohibidos, los defensores de sus tesis perseguidos (el mayor exponente Orígenes) y hechos casi desaparecer por completo. Todo ello perpetrado por un emperador romano y parte de la cúpula de la Iglesia a finales del siglo IV. Cada cual que saque sus propias conclusiones a partir de lo que he contado hasta aquí.

En cualquier caso, este libro pasa a formar parte de mi bibliografía (en cuanto a mitología) para la saga que estoy escribiendo, pues entronca muy bien con el concepto que manejo en ella para los antiguos dioses (con minúsculas) y héroes. Más información:

Iberia Mítica: https://jocilesferrer.com/iberia-mitica/

El cielo caerá, la tierra se abrirá

Cuando llegue el gran, naufragio universal

No habrá zona neutral, ni paraíso fiscal

Que os salve del gran, incendio mundial

(Dorian)

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About jocilesferrer

Ingeniero Telecomunicación. Europeo, español, extremeño-aragonés. Liberal, cristiano. La ola es el mar