Alexander von Humboldt en España, de Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok

Den nächsten werden andre tun, der Mensch wird irgendwann

Die ganze Welt umfliegen können, wenn er will und dann

Wird er sich aus der Enge der Gefangenschaft befreien

Mit allen Grenzen werden alle Kriege überwunden sein!

(Melotron)

Yo no tenía ni idea de quién era Humboldt, sólo me sonaba que era un científico más alemán, del siglo XVIII o XIX, de toda esa época en que España pareció encerrarse a intentar autodestruirse. Las “corrientes de Humboldt” (corriente oceánica originada por el ascenso de aguas profundas y, por lo tanto, muy frías, que se produce en las costas occidentales de América del Sur) era su única melodía conocida.

Hasta que llegué a Madrid en 1999 y tras unos meses de servicio militar en Badajoz, mi “pueblo”, donde empecé a estudiar alemán con un profesor nativo, tuve que buscar alguien de nuevo. Entonces di con la coautora de este libro que recomiendo, Sandra Rebok.

Rodri recomienda… “Sentir y medir: Alexander von Humboldt en España”, de Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok en Casa del Libro.

Entonces aún buscábamos estas cosas en publicaciones en papel como “Segunda Mano”, era la primera profesora nativa de alemán que aparecía en la lista y la llamé. Resulta que ella, antropóloga, aparte de enseñarnos alemán a algunas personas en Madrid, trabajaba en el CSIC y se dedicaba en especial a estudiar la vida y obra de Alexander von Humboldt y en especial su relación con España. Para ello investigaba y se documentaba en Alemania, España, París, los Estados Unidos, Hispanoamérica o donde hiciera falta, con lo que sólo os quiero decir que tuvo acceso de primera mano a información que hasta ahora se había pasado por alto o ignorado.

Creo en la causalidad no en la casualidad. Sandra, además de una gran persona, es la persona que mayor mérito tiene en que yo pueda hablar, leer y escribir en alemán y eso es algo importante para mí.

No os voy a introducir aquí ni siquiera al sabio, científico, explorador y recopilador alemán. De sobra conocido en América. Podeis buscarlo en internet y os saldrán páginas y páginas. Os diré algunas impresiones tras leer este libro, centrado en la estancia y relación de Humboldt (Alexander no Wilhelm, su hermano) con España incluyendo Canarias.

Humboldt era ateo positivista, no nombra a Dios ni a nada sobrenatural en ningún momento, ni siquiera para “combatirlo”. Él está seguro de poder encontrar una explicación racional y natural a cualquier fenómeno, sólo es cuestión de esfuerzo, tiempo, tomar medidas, discutir con otros sabios y devanarse los sesos. Es de la raza de Da Vinci, Galileo, Newton, Darwin y pocos más. Es un científico y filósofo holístico, no le hace ascos ni deja de interesarle ninguna rama del saber, aunque sus especialidades son la mineralogía, la climatología, la geología, la botánica, la geografía, la náutica, la química, también la política, la antropología, por citar algunas. Téngase en cuenta que el comienza con estudios de negocios y después de ingeniería de minas. La fortuna familiar le permite dedicarse a lo que realmente le da la gana, que es aumentar el saber científico, en beneficio de la humanidad.

Se le nota que creció como un niño y adolescente ilustrado y vivió como un joven adulto romántico y si acaso envejeció modernista. Pese a su actitud ante la vida y el conocimiento racional y empírica cien por cien, lo que lo alejaría del estilo romántico con gusto por lo sobrenatural y espiritual (el mío propio…), ello no le quitaba de mezclar observación y reflexión con sentimiento y sobrecogimiento ante la belleza de la creación, de ahí el título completo del libro “Sentir y medir…”. Quizá su forma de escribir tan humanística, “de letras” en apariencia, haya hecho olvidar en parte el gran científico e ingeniero que era.

Es un liberal internacionalista. Sobre todo en sus primeras notas, diarios y cartas, se nota que asume los principios de la revolución francesa, incluso emplea por un tiempo el calendario revolucionario. Jamás se muestra a favor ni en contra de ninguna nación o estado, ni siquiera de la suya o las que sirve (Prusia, España). Su única nación es la humanidad. A la que quiere ayudar a progresar. En un tiempo de guerras continuas (su viaje a América auspiciado por la corona española comienza poco antes de la invasión napoleónica) entre las potencias europeas y en las naciones americanas para independizarse de estas, se muestra neutral. Siempre agradecido con aquellos a los que visita, aunque también sea capaz de denunciar los defectos que les encuentra. Sólo hay alguna excepción en sus escritos, como a la llegada a Tenerife, donde un sacerdote irlandés anti napoleónico que visita la fragata Pizarro, le saca de quicio y lo tacha de “repugnante”.

Es un personaje querido por todo el mundo, incluso por aquellos con los que ha discutido acerca de temas científicos, carente de enemigos. Los EEUU y Gran Bretaña le llaman como mediador en un conflicto que tienen a mediados del siglo XIX. En Alemania ya anciano en la segunda mitad del mismo siglo, es una especie de mentor nacional, casi una especie de santo o mago de la ciencia y el conocimiento. Todos le envían sus obras para que las revise y les dé consejo, también desde cualquier parte del mundo. Y se porta igual en presencia de reyes o de gente humilde. Desprecia las riquezas y las comodidades y sólo le interesa el progreso científico, que costea de su propio bolsillo.

Rodri recomienda y adquiere su bibliografía en Casa del Libro.

No se le conoce mujer ni hijos, se rumorea que fuera homosexual (su amigo y acompañante a América Bonpland…). Aunque no se habla de esto en el libro. Mi opinión es que era asexual, o sencillamente no pensaba en el asunto, enamorado de la ciencia y casado con el progreso de la humanidad. Y por lo visto, feo no era el chaval.

De España es especialmente interesante lo que cuenta sobre Canarias, donde sí denuncia la manera en que se hizo la conquista en los primeros siglos. Y queda maravillado con la belleza natural de las islas. No me extraña, a mí también me pasa… También fue el auténtico descubridor de las mesetas y valles de la Península, el primero en topografiarla de norte a sur y este a oeste, en persona, a mano y a pie (o en burro…).

Ciertamente la memoria de este hombre, que tanto debió y aportó a España, se perdió en ella. Durante los primeros años que pasó aquí y en la América aún española, la relación era fundamentalmente buena, molestada en todo caso por las intrigas entre los propios científicos y políticos españoles, muy típico, nada nuevo, nuestro deporte nacional más que el fútbol: la envidia cainita. Luego vino Fernando VII, posiblemente el peor jefe de estado relativo al estado de avance de su propio tiempo que haya conocido España. Como podéis imaginar en posición diametralmente opuesta a las ideas de Humboldt. La figura, pasó al olvido y sólo se comunicaba con los españoles liberales en el exilio de Londres. Luego se recuperó la buena imagen con Isabel II e incluso se le concedió algún título / condecoración. De todos modos los españoles estaban demasiado ocupados en matarse divididos en dos bandos como para interesarse por la ciencia y su pasado reciente y así continuó al menos durante un siglo… Los europeos y americanos no fueron mucho mejores a principios del siglo XX, repitiendo a escala mundial el vicio español. Qué triste se habrá sentido Alexander, desde donde nos contemple con sorpresa, viendo que alemanes, franceses, británicos, americanos, rusos, italianos o españoles por su parte, que tanto le admiraron, no parecían haber aprendido nada e ir hacia atrás, reforzando el enfrentamiento, la división y las fronteras, que él daba por superados más de un siglo antes.

Pues aquí os recomiendo este libro para aportar mi granito a la recuperación de la memoria de este gran genio de la humanidad… Me hizo gracia como teleco, algo que me contó la coautora: Conoció Humboldt a un ingeniero militar alemán llamado Siemens al que metió en la cabeza la idea de unir por radio o cable con América para poder intercambiar señales eléctricas… Ah y otra cosa, hay en sus notas y escritos hasta cinco referencias al pasado mítico de Iberia (Atlántida, diluvios, Hércules…), que sin duda bien conocía y de diversas fuentes. Absolutamente admirable en un señor que se dedicaba a intentar medir la altitud con complicados aparatos, por primera vez en la Península.

Rodri recomienda… “Sentir y medir: Alexander von Humboldt en España”, de Miguel Ángel Puig-Samper y Sandra Rebok en Casa del Libro.

Sed felices y buscad el saber y la belleza.

¡Ah! Y si os ha gustado esta recomendación, podéis encontrar más en: Rodri recomienda… libros: https://jocilesferrer.com/rodri-recomienda-libros/

Wir haben nie gelernt

Miteinander umzugehen

Menschlichkeit und Toleranz werden in

Selbstsucht untergehen

(Blutengel)

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About jocilesferrer

Ingeniero Telecomunicación. Europeo, español, extremeño-aragonés. Liberal, cristiano. La ola es el mar